lunes, 26 de agosto de 2013

Punto final sin punto de partida

"Te anda rondando un punto por entre los rulos"
Yo me reí, sacudí la cabeza y seguí con mi eterna verborragia
borracha de locura, con vómitos de ansiedad
y resaca de nosotros. Y otra vez el punto.

Yo sabía, vos sabías,
¡el bar entero podía ver el punto
entrando y saliendo
de mis montañas de rulos!

¿Cómo lo sabías? ¿Porqué lo sabías?
Casi diría que a dos días de conocernos
sabías más de mí que yo misma
y todos en ese antro bipolar
de puntos, y puntos y comas,
y puntos suspensivos inflamables lo veían.

Ese punto final revoloteando mi cabeza.

Pero... Me diste la mano,
y después de la mano fue el brazo
y después todo el cuerpo.

Y el beso necesitado, ansioso,
que me arrancaste de los labios
mientras mi punto caía
y lo perdía...
quién sabe donde
quién sabe cuando

¿cómo saber cómo buscarlo?
¿en qué escalón o baldoza?
¿en la primera o la última cerveza?

Y cuántos encuentros piel a piel
que no fueron, no son y quién sabe si serán
anulan hoy
-como siempre han hecho-
cualquier punto final que intente
anudarse a estos rulos
cualquier final que quiera interponerse
entre tus puntos borrados
y mis puntos perdidos.

domingo, 25 de agosto de 2013

# 23


Si todo pudiera ser reducido
a la nada más corpórea y repugnante,

a una última mirada de odio

si el tiempo se hubiese colado entre tus sábanas
para hacer de este hecho lo fortuito
y luego lo efímero y al fin nulo,

si pudieramos eliminar la magia que sentimos
la primera vez que nos miramos,
si pudiera dejar todo reducido a recuerdos con mucho polvo,
o si me hubiese ido dando un portazo escupiendo tu vereda.

Pero no, no sos un fantasma, ni el pasado,
ni la oscuridad, ¡ni aquellas ganas!

sos una foto instalada en mis retinas

un extraño desnudo en una cama igual de extraña
y yo, me miro, desnuda te acompaño
y no importa que hace frío
que la luz molesta,
o que nunca tocaste el piano para mí.

Quizás soñamos con camas
que terminaban en pisos de madera crujiente
o baldozas en el patio bajo estrellas
inventadas o prestadas o, por una vez,
fugaces y veloces
que atraviesen mis miserias,
tu distancia.

Y si, el todo puede reducirse
a la nada más corpórea y repugnante,
porque hoy no sos recuerdo,
ni furtivo amor ¡por favor!

mucho menos la almohada que faltaba
o la sábana demasiado corta.

Hoy sos este repugnante poema
y esta estúpida necesidad de escribirlo.