viernes, 22 de marzo de 2013

Amor mío


Querete,
abrazate a tu alma,
a tu piel, a tu pelo.
Acariciate,
besate las manos constructoras,
besate las piernas
que no te dejan nunca en el camino,
besate las palabras,
los versos, los poemas, las canciones.
No dejes que nadie cierre
tus hermosos labios,
que nadie ejerza ningún tipo de violencia
sobre tu cuerpo, tu mente ni tu espíritu,
no permitas que te metan en una jaula,
no permitas barreras
ni que te corten las alas,
esas enormes que llevás ahí.
Lamete las lágrimas,
dejá dormir a los recuerdos
en otra cama lejos de tu casa,
que se vayan por cañerías,
por el viento,
por la lluvia todo tu dolor.
Siempre es buen momento de sanar,
de volver a ser,
de volver a cantar
y de retomar vuelo.

Espiral


Pienso en espiral,
entro en tu eterno retorno
para no partir jamás,
me dejo llevar por tus curvas,
por tu oleaje
infinitamente circular.
Siento en espiral,
mi corazón se desprende
de sus conexiones,
se libera
y gira gira
y gira como vos, como yo,
como giramos las vidas
para mirarnos al revés,
como gira el agua
que es lluvia o es pez,
que es árbol de noche
que es fruto de día.
Enciendo en espiral
mi psíquis y mis tiempos redondos,
tu saber y tu apuro,
mi insolencia y tu insomnio.
Nunca dejará de girar
mientras caminemos sin cesar,
mientras besemos las raíces,
mientras comamos
de nuestras manos el fruto sagrado,
nunca dejaremos de girar
si nunca dejamos de mirarnos,
de besarnos los ojos
de comernos la mirada.
Girar es como entender pero al revés.
Girar es dejar ser.